jueves, agosto 17, 2006

Sur

Los días pasaron placidamente, mientras cada poro de mí se dejaba invadir por el aire, el viento y la lluvia. Ese viento y lluvia que en las primeras noches me arrullaban para sumergirme al maravilloso sueño bajo suaves frazadas y plumones y que me despertaban en la mitad de la noche mostrando toda la fuerza de la naturaleza la que a ratos me hacia pensar si no sería mejor amarrarse a la cama por si al viento se le ocurría transformarme en Dorothy. Pero el viento pasó y a la cuarta noche me despertó el silencio, el cual me quedé escuchando despierta por un largo rato, sólo se alteraba por algún que otro pájaro nocturno o por las gallinas que anunciaban la cercanía del amanecer. Amanecer que llegó con los colores más maravillosos que puede tener un cielo limpio, con los árboles más verdes que puedan existir y con ese aire que a los citadinos nos hace doler la nariz al inspirarlo.

Las tardes transcurrieron tranquilas frente al fuego, estableciendo una nueva comunicación con mi abuela entre palillos y puntos derechos y revés. Lo único que me distraía de mi tejido era la lectura, la que al comienzo fue accidentada ya que descubrí que Proust y su Tiempo Recobrado no es el mejor acompañante para tardes tan rurales y después de bucear en la biblioteca de mi abuela descubrí a la señorita Emily Bronte con el señor Heatcliff y Catalina. Ufff, hace rato que un libro no me agarraba de esa manera, me reía para mis adentros mientras trataba de visualizar la imagen de mí leyendo Cumbres Borrascosas frente al fuego.

Y aquí estoy de vuelta en Santiago llena de pequeños y grandes regalos que me traje del Sur, de sabores y olores y de ganas de volver a los bosques mientras estos aun existen.

6 comentarios:

fgiucich dijo...

Has experimentado una de las cosas màs bellas de unas buenas vacaciones: leer Cumbres borrascosas junto al fuego. Abrazos.

gallardo dijo...

Hacia tiempo que no pasaba a verte, y me dio envidia, porque el SUR es algo que hay que experimentar, y una vez que se hace no se puede olvidar jamas.
Creo que me esta haciendo falta meterme en una de esas lluvias laterales y olorosas de nuestro sur.
Con toda la envidia del mundo.

Pía Bórquez dijo...

todas mis vavaciones de la infancia fueron el el sur... uf pase recien unos dias en los apeninos y aun que no es lo mismo ,,me quedo ese gustito a bosques a verde ...que rico...
saludos desde el Norte.

C. dijo...

El sur, el tejido y un buen fuego... pocos panoramas mejores se me ocurren. Algo de eso gozo en la casa a diario, ya que no hay tanto smog como en el resto de Santiago, se nos permite el uso moderado de las chimeneas y esos momentos "de campo" se dan harto más que en otros lados de esta agresiva capital.

Wuthering Heighs?? Uff!! Me enamoré de Heathcliff!! Imposible no imaginarse a un machote a caballo con el pelo al viento, OMG (oh my god)!! (ñam ñam jajajaja)

Saludos!

La hormiga... que se revoluciona con Heathcliff jajaja

Emilio dijo...

Que mejor regalo que el recuerdo de la tierra húmeda o el calor hogareño del sur. Soy un enamorado de aquello parajes.

Saludos y envidias sanas Agnes.

Agnes dijo...

don f:
realmente fue un gran placer del cual me reservé las últimas páginas que me terminé en Santiago.
gallardo:
y sí, el sur es algo que se siente y la lluvia de lado es demasiado increible. apurate antes que termine el invierno.
pía:
no conozco los apeninos, pero quedarse con el verde en la retina es lo mejor.
hormiguita:
wow, que valentía enamorarse de Heathcliff, a mí mas bien me asusta y no si realmente me gusta.
emilio:
y yo soy enamorada de los parajes y de las comidas y de todo lo demas. ;)