Hace algún tiempo atrás, no recuerdo bien si fue un reportaje o un muy educativo programa de discovery o algo por estilo, vi o leí un reportaje sobre la belleza. Cómo nosotros desde ya antes de los griegos amamos y admiramos la simetría. Recuerdo que al final aparecía una caricatura de un personaje muuy asimétrico y una foto de Audrey Hepburn, y preguntaban quien era mas bonito, bastante ridícula la comparación, pero ahí estaba.
Lo que buscamos al parecer es la simetría. Los rostros más bellos según la tradición greco-romana son los más simétricos, los cuerpos también. No en vano los cirujanos plásticos se llenan los bolsillos de plata rellenando cuanta pechuga se aparezca y dejándolas simétricas dentro de lo posible ya que por la naturaleza misma las pechugas nunca han sido simétricas.
Y sin querer incluso el amor se transforma en un juego de la simetría. Yo te doy porque te amo, pero espero que tú me des igual. Y por más grandes que sea nuestra nobleza y el enamoramiento, al menos me atrevo a decir en casos de relativa sanidad mental, esperamos que el otro nos entregue lo mismo o un poco más. No existen los parámetros de lo que es bueno en el amor, y cada uno lo ve distinto, pero sin duda cuando uno logra escucharse a si mismo puede decir que es lo que quiere del otro.
Los enamoramientos duran sus maravillosos días o meses o tal vez horas, donde nada importa y como dice mi madre: “El uno y el otro es un arbolito de pascua”, pero pasan las fiestas y se sacan los adornos y todo lo que queda es el pino con sus agujas y ahí nos enfrentamos al árbol en su verdadera dimensión. Ahí uno empieza a sentir extraños hormigueos cuando el teléfono no suena en un día, y aparecen tensiones que pueden parecer de amor adolescente pero que se repiten hasta el infinito y en muchos planos.
Entonces llega la pregunta sobre todo para las mujeres ¿No estaré pidiendo demasiado? o “No, importa, es normal, los hombres son así.” Y empieza el juego al revés, donde la mujer generalmente cede y calla. Y como un avión que no anda con alas disparejas, el amor también muy pronto deja de volar. Pero hace tiempo ya conocemos las muletas y tratamos de recuperar la simetría de algún extraño modo. Pero andar con una pata de palo no es lo mismo que con ambas piernas sanas y salvas.
Y sí, la excesiva simetría es fome y aburrida, pero las edificaciones asimétricas como el demolido Hotel Moscú sólo funcionan por equivocación. La historia dice que al presentarle los planos del futuro hotel a Stalin, los arquitectos le llevaron dos opciones para el frontis, pero como el señor dictador era muy ocupado llegó y firmó ambos. Y los arquitectos con tal de no perder su cabeza ni ser enviados por vacaciones indefinidas a Siberia, no quisieron volver a preguntar cual era la opción que prefería, llegaron y construyeron un ala con ventanas arqueadas y el otro lado con ventanas rectas. Total la firma estaba en ambos planos y eso es lo que vale.


