
Él evitaba enfrentar su mirada, ella lo miraba con descaro, como siempre, como acostumbraba a mirar el mundo. Cuando ella desviaba la mirada, sentía los ojos de él sobre ella.
La cena fue larga, entrada, plato de fondo, postre. Todo muy cuidado, preparado por él para ellos, para ella. La conversación fluía.
Ella se levantó al baño. Avanzó por el pasillo. Por ese pasillo que era conocido para ella, para su espalda, sus caderas, su pelo. Entro al baño riendo, por lo agradable que estaba todo, por la incomodidad de él, por los recuerdos que llegaban a su mente. Las gotas rojas del vino tinto ya corrían por sus venas, acelerando un poco sus latidos, tiñendo aun más su sangre. Apenas abrió la puerta para salir, se encontró con él. Ella abrió aún más sus ojos y se sonrió. Él sin mediar palabra la tomó por la cintura, la apretó contra la muralla con un beso. Ella, apenas sintió la cercanía de su aliento se entregó, sus labios entreabiertos recibieron su lengua, mientras sentía como la mano de él se metía por debajo de su falda subiendo por sus piernas. Contuvo un quejido, lo atrajo aun más hacia ella.
Sólo fue un instante.
El entró al baño.
Ella volvió a la mesa, sintiéndose embriagada de locura, del sabor de los besos, con ganas de reír a gritos.
Se sentó con respiración calmada tomó la mano del hombre entre las suyas, miró a la mujer. Siguieron conversando entre los tres mientras él regresaba del baño para servir la última copa de la noche.
banda sonora: Electrodomésticos - Has sabido sufrir
imagen: Corbis


2 comentarios:
uyyyyyyyyyyyyyy.... uyyy.. uyyyy... quedé absolutamente atraída y sorprendida...
Qué fuerte, qué fuerte.
Excelente escrito, excelente
Aquellas deliciosas cenas donde se pueden encontrar sorpresas agradables, o nó. Atrapante. Abrazos.
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