
Empezaron a aparecer de a poco. Un día detrás de un cuadro, otro en algún rincón del departamento. Al comienzo casi ni nos dábamos cuenta de su presencia, mejor dicho, eran parte nuestra y era agradable en la soledad de algunos días toparse con algún recuerdo perdido del otro.
De a poco se les fueron sumando los sueños abandonados, los miedos, las palabras no dichas. A medida que crecía la distancia entre nosotros, ellos llenaban el espacio vacío no permitiendo dar vuelta atrás. Habían días en que al sentarme en una silla me volvía a parar de un salto porque me daba cuenta que ya estaba ocupada por uno de ellos. Después empezaron a tener más cuerpo. Se instalaron en nuestra cama en medio de nosotros, fueron tantos que por su peso se armo un hoyo sin fin en el colchón. Si intentaba acercarme sentía como un viento frío invadía mi cuerpo.
Los colores de las cosas se opacaron, nuestros sentidos y emociones se adormecieron en la neblina creada por sus formas etéreas e indefinidas.
Parecía que ya daba lo mismo dejar abierta la puerta al salir, ellos lo llenaban todo.
Ya no quedaba nada.
De a poco se les fueron sumando los sueños abandonados, los miedos, las palabras no dichas. A medida que crecía la distancia entre nosotros, ellos llenaban el espacio vacío no permitiendo dar vuelta atrás. Habían días en que al sentarme en una silla me volvía a parar de un salto porque me daba cuenta que ya estaba ocupada por uno de ellos. Después empezaron a tener más cuerpo. Se instalaron en nuestra cama en medio de nosotros, fueron tantos que por su peso se armo un hoyo sin fin en el colchón. Si intentaba acercarme sentía como un viento frío invadía mi cuerpo.
Los colores de las cosas se opacaron, nuestros sentidos y emociones se adormecieron en la neblina creada por sus formas etéreas e indefinidas.
Parecía que ya daba lo mismo dejar abierta la puerta al salir, ellos lo llenaban todo.
Ya no quedaba nada.


5 comentarios:
Qué imaginación! Lindo blog, interesante post, redacción impecable.
Tu nombre es polaco no?
Te encontré vía Elisa de Carmona, un gusto, te estaré leyendo.
Tus comentarios bienvenidos, tengo un blog de poesía, otro mas contingente, etc.
Cariños.
Esos extraños visitantes que entran, salen y se esconden tras los cuadros. Me gusta como ecribes. Saludos.
¿que sería de nuestro presente sin ellos, no? no permitas q los recuerdos impidan que las cicatrices cierren, al contrario haz que ellos te recuerden que fue lo que originó la herida y permite que tus cicatrices cierren sin dejar ningún rastro.
besos.
Esos ellos que tan bien describes somos nosotros mismos, cuando pasa el período de encandilamiento y ensoñación y nos damos cuenta de quiénes somos, para dónde vamos y que queremos realmente. Si la otra persona no es compatible con esas aspiraciones, entonces, ellos comienzan a llenar el espacio vacío “no permitiendo dar vuelta atrás.” ¡Qué bien dicho!
ups... qué paranoia que me dio.
dime que somos nosotros mismos, por favor.
un beso
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